Cuarto disco del grupo de rock sureño, que esta vez en lugar de reciclar una ilustración del tito Frank para la portada, tienen una ilustración de Boris Vallejo ad hoc en la que los integrantes del grupo apareen en un entorno de espada y brujería a lo John Carter de lo más excelente. Un dato curioso de este disco es que una de las coristas es la actriz Katey Sagal, lo cual, sin ninguna clase de duda, resulta extrañamente adecuado. El disco en sí, pues en la línea de Molly Hatchet, rock sureño de manual, muy disfrutable pero nada muy novedoso, en su línea.
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